7 de julio de 2026
467.000 millones de dólares al año en falsificaciones y un Mundial que acelera la maquinaria. Marcas, diseños, jugadores y falsificaciones: la batalla legal que también se juega fuera del campo.
Mientras las selecciones compiten en el campo, fuera de él se corre otra carrera: fabricar, importar y vender camisetas falsas antes de que termine el torneo. La urgencia es parte del modelo de negocio: una selección avanza de ronda, un jugador se convierte en protagonista, una camiseta se agota y en cuestión de días aparecen miles de copias en marketplaces, redes sociales y mercadillos.
El Mundial no crea la falsificación. Lo que hace es activar y acelerar una red global que ya existe.
Una economía ilícita a escala global
La última estimación conjunta de la OCDE y la EUIPO sitúa el comercio internacional de productos falsificados en torno a los 467.000 millones de dólares, aproximadamente el 2,3 % de las importaciones mundiales. Y la moda es su principal campo de batalla: la ropa, el calzado y los artículos de cuero concentran cerca del 62 % de los productos incautados.
El deporte reúne todos los ingredientes que favorecen su expansión: marcas de enorme notoriedad, compra emocional, productos fáciles de reproducir, una gran diferencia entre el precio oficial y el ilícito, y demanda concentrada en pocas semanas.
Lo acabamos de ver en España. El pasado 17 de junio, una operación de la Policía Nacional junto a INTERPOL, EUROPOL, EUIPO y OLAF intervino más de 66.000 camisetas y conjuntos falsificados (más de 16 toneladas) que iban a distribuirse durante el Mundial 2026, con 95 detenidos. El valor de venta en el mercado ilícito superaría los 2 millones de euros; el perjuicio para los titulares de derechos, los 7 millones.
Un matiz importante: al dividir el valor ilícito por las unidades intervenidas, el resultado ronda los 30 euros por camiseta. Esa cifra corresponde al precio de venta de la falsificación — no a su coste de fabricación, ni al daño que puede reclamar el titular de los derechos. En propiedad industrial, esas tres magnitudes no son intercambiables.
Una camiseta, varios derechos (y varios titulares)
Una equipación (un uniforme) puede incorporar, a la vez: la marca del fabricante deportivo, el escudo de la federación nacional, el diseño registrado de la prenda, elementos gráficos protegidos por derecho de autor, el nombre o la imagen de un jugador y los signos oficiales del torneo. Una misma prenda puede infringir derechos de varias entidades distintas, y no toda camiseta falsa infringe derechos de FIFA: la titularidad se analiza activo por activo y territorio por territorio.
Dos aclaraciones que evitan errores frecuentes:
- Que el comprador sepa que es falsa no elimina la infracción. La marca no solo protege frente a la confusión: protege el origen empresarial, la reputación, la inversión publicitaria y el valor del sistema de licencias.
- “Réplica” no legaliza nada. Anunciar una prenda como “réplica”, “no oficial” o “inspirada en” no autoriza el uso de marcas, escudos o diseños protegidos. De hecho, la réplica oficial es un producto legítimo dirigido a aficionados: réplica y falsificación no son sinónimos.
Del registro al enforcement inteligente
La falsificación ya no viaja solo en grandes contenedores. Circula en miles de pequeños envíos postales, y crece otro modelo: importar por separado camisetas genéricas, escudos, etiquetas y embalajes, y ensamblar la falsificación cerca del mercado de destino. Eso desborda la actuación aduanera tradicional y obliga a ampliar la vigilancia hacia imprentas, centros logísticos, marketplaces y proveedores de pago.
Registrar la marca sigue siendo indispensable, pero en eventos de esta dimensión es solo el punto de partida. El impacto real se consigue identificando los puntos de estrangulamiento de la red (importadores, almacenes, fabricantes de etiquetas, cuentas de pago, vendedores reincidentes) y coordinando medidas aduaneras, civiles, penales y administrativas con la misma velocidad con la que opera el mercado digital.
Nuestra lectura
La falsificación moderna es un problema de propiedad industrial. Pero también es un problema de datos, tecnología, logística y ejecución. Y ese es, exactamente, el terreno del legaltech: el valor de una marca ya no depende solo de estar registrada, sino de que pueda ser detectada, defendida y aplicada a la velocidad del mercado digital.
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En BRANDLEX combinamos estrategia de propiedad intelectual con tecnología: cobertura territorial de registros, medidas en frontera, monitorización de marketplaces y redes sociales, preservación de evidencia digital y coordinación de acciones de enforcement.
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Fuentes
- OCDE / EUIPO: “Mapping Global Trade in Fakes 2025” (comercio mundial de falsificaciones: 467.000 M USD, 2,3 % de las importaciones mundiales)
- Ministerio del Interior de España (“Intervenidas más de 16 toneladas de equipaciones de fútbol falsificadas que iban a distribuirse durante el Mundial de Fútbol 2026” (17 de junio de 2026)